martes, 4 de octubre de 2016

Iron Shoes: La Guerra de los Descalzos




La Alianza Occidental cuenta con una superioridad
tecnológica apabullante, que compensa
sus crecientes problemas de población
 
 
 
El fracaso de la Unión Europea fue la antesala de lo que más adelante se conoció como Guerra de los Tres Sombreros, un conflicto económico-político que desintegró para siempre los cimientos que dieron sentido en un principio a la comunidad. Libertad, democracia, igualdad..., pasaron a ser poco menos que un rastro difuso, casi etéreo, de tiempos que en realidad nunca fueron, una hermosa mentira que sirvió de tapadera para la vil calavera de la ambición. Los ricos pisaron a los pobres, primero con disimulo, después con el aplauso de sus iguales en la jerarquía capitalizada que gobernó el viejo continente. Como dijo el analista Abelard Faber en el desaparecido semanario alemán Der Wächter: Hemos escupido en su sopa y descalzado a sus hijos. Merecemos su odio eterno. La Guerra de los Tres Sombreros terminó con una campaña de privatización masiva a nivel continental; multitud de ciudades fueron transformadas lentamente por empresas privadas, y sus habitantes convertidos en mano de obra (libre, feliz y orgullosa de su trabajo) bajo el férreo mandato de una coalición formada por Inglaterra, su aliada Norteamérica, Francia y Alemania. Con el tiempo, muchas fronteras dejaron de existir y otras nuevas se levantaron en su lugar. Lo nombres de antiguos países quedaron olvidados bajo un manto de fábricas de procesamiento. Se instauró la Alianza Occidental, que velaría por el futuro de la especie humana. Pero Faber tenía razón cuando lanzó su famosa apreciación: el odio ya se había propagado sin control más allá de los muros que resguardaban el leitmotiv del nuevo mundo. Ellos, los desheredados, hacinados en el este como esclavos, no tardaron en alzar la mano. Cientos de caudillos abanderaron la revolución en diferentes puntos del continente. Por supuesto, la Alianza, en inferioridad numérica pero con un mayor poder militar, no tardó en responder. La Guerra de los Descalzos estaba servida.
 
 
 
Los Descalzos, o Alianza Oriental, basan su poder en
el número y la furia
de la masa.